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METROIKA

viaje al nuevo medievo

 

 

“Metroika es poesía-ambient de los remanentes maravillosos de una modernidad descompuesta. Sountracks de landmarks implosionados en velocidades subterráneas y aéreas, cuyo objetivo no es llegar, sino transitar entre escombros vertiginosos. Emanuel Bravo redimensiona ciudades desde el humo de sus ascensores y presagia las aproximaciones de un nuevo medievo.”

–Chloé Georas

 

“Emanuel  Bravo [...] texto tripioso: de paraísos artificiales. (Com)partir la  yerba, la pipa, de la paz. Fumar es pintar; el pasto es el impasto. Una palmera en medio de cualquier parte del mundo es el trópico y mejor que el trópico. Se evita el paraíso celestial y se habita otra cosa, que no se nombra, con toda su pertinente inconclusividad.”

–Dorian Lugo Beltrán

 

Emanuel Bravo            Reseñas                Entrevistas

 

 

 

 

                    

 

 

 

Emanuel Bravo nace en Filadelfia, PA (1976). Termina su bachillerato en Historia de las Américas en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (2000). Participó en varios recitales con el colectivo macharrán “Praxis” en la librería La Tertulia y el Ateneo, leyó en las Subterráneas de Poesía,  presentó en la libreria Shakespeare and Co. de Paris, y recitó junto a la poeta Chloé Georas en el Nuyorican Poets Cafe de la ciudad de Nueva York. Ganó el primer premio en cuento y la primera mención en poesía en el Certamen del Departamento de Español, Facultad de Estudios Generales, UPR (1996). Publicó en las revistas Taller Literario, Contornos, Mise-Entropique. También publicó en las antologías Mal(h)ab(l)ar, La Ciudad Infinita y Saqueos. Su trabajo de creación y sus ensayos de crítica de arte han sido publicados los periódicos Diálogo y San Juan Star.

 

 

 

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¿Marvin Santiago?

 

Preguntó la chica tras el mostrador delante del pasillo plegadizo. Marvin le entregó la licencia y el ID de guardia de seguridad.  El avión acrecentó la velocidad de sus ruedas hasta separar su nariz de la pista. Mientras el Air Bus 300 gradualmente ganó  altitud, la gran cabeza de Marvin brillø. Sus manos comprimían sus rodillas -Voy a sentir ese lugar, a ver cómo es la gente, a leer de qué hablan los periódicos.

 

Los compañeros de Marvin desconocían su proeza.  Entre narcotraficantes, viajeros de negocios, senadores que iban de fin de semana a sus casas en la Florida, y deportistas, él era una leyenda. Planificó sus viajes en la cabina de guardia de seguridad donde trabajó 12 horas al día, 5 días a la semana, por 4 años. Desde San Juan, PR, su trayecto forma una red sobre el globo. Visitó las capitales y periferias,  navegó los ejes de X Y Z. Marvin era  viajero frecuente.

 

“Your attention please, your attention please, American Air Lines announces the departure of flight  A 407 to San Juan, Puerto  Rico.”

La rutina de Marvin: sentarse en cualquier aeropuerto, leer la prensa, ver la gente, y abordar el próximo avión de regresó al Luis Muñoz Marín.

 

Marvin era fanático de Elvis Presley y Micheal Jackson (dicen que por la relación familiar que hubo entre ambos). Estudió en la Academia Militar Regimiento 65 de Infantería. Sus padres eran Evangélicos, por ende su comportamiento era ejemplar. Marvin sabía  que el turismo es un estado mental. Todos empacamos imágenes de brochures, videos promocionales, las transportamos a nuestra destinación, y en escasas horas pisoteamos, quemamos con flash, y grabamos miles de historias ajenas..

 

Cena. Película. Señal de abrocharse el cinturón. Salió del avión. Saboreó aire rancio de aeropuerto. Observó las personas en el gate. Emocionado, se sumergió en el caos. Gravitó túneles arqueados e interdictos. Aduanas. Tenía la oportunidad de regresar con algo en las manos que no fuera revistas o artículos duty-free; el número de teléfono o la dirección de un desconocido, la posibilidad de hacer amigos en otro lugar, como cuando  registraba la gente en su caseta, él era afable y cool, sin ánimo de ofender. Se detuvo en las puertas del terminal, observó el exterior a través de los cristales, giró 180 grados.

 

Los intérvalos de tiempo entre la ida y la vuelta aumentaron. Adentro de Marvin despertó el deseo de vivir la destinación. Esa vez era phily. Tomó el tren hacia Suburban Station. Entró a un correo. Al llegar su turno, en lugar de sacar una AK-47 (la norma del going postal), le pasó una nota al cartero-cajero. Le dieron $5000. Regresó a Suburban. Aeropuerto. Avión. Isla Verde. Villa Carolina. Llegó a casa. Su viejo evangélico se indignó y lo rateó.  Marvin Santiago yace crucificado en una federal, pero su espíritu vuela... por jet lag perpetuo de años de viaje. Cuando descansa en la litera de abajo siente la complexión de pecho durante el despegue.

 

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